Koeman encarriló la crisis del club y deposita la temporada en la Copa
Cuando los aficionados del Valencia alzaron sus copas en fin de año pocos creían que sus deseos de mejoría podían verse concretados en tan poco tiempo. Pero lo cierto es que a pesar de la crisis directivos-ídolos-plantilla, que alimenta la vorágine valencianista en las últimas épocas, este equipo llega a la semifinal de la Copa del Rey como un hueso duro de roer para el Barcelona. Ya no es aquél gato mansito que entregó Mestalla a las goleadas del Real Madrid (0-5) y el Barça (0-3).
La mejoría en la Liga arrancó en una de las hasta entonces ‘fortalezas’ de la categoría: Valladolid. El Valencia trabajó un complicado 0-2 que recompuso el ánimo de la plantilla después de una extensa serie de nueve partidos sin conocer la victoria en el torneo (10/11/2007, 3-0 al Real Murcia).
En la dura cuesta de enero, donde coqueteó con los puestos del fondo de la clasificación, lo único que mantuvo vivo a Koeman en el banquillo fue el avance en la Copa. El 2 de enero se deshizo del débil Real Irún (3-0); después sentenció al Betis en los octavos con un 1-2 en el Ruiz de Lopera (9/1) y 2-1 en casa (16/1). Por último, eliminó al Atlético de Madrid: en la ida consiguió un ajustado 1-0 que le valió, gracias a los goles de visitante, para conseguir el pase con la derrota por 3-2 en el Vicente Calderón.


