Gana con el alma de los campeones


Con la calculadora en la mano todavía quedan 17 jornadas por jugarse, es decir 51 puntos, y el líder Real Madrid le lleva nueve de ventaja al Barcelona. Una diferencia que, aunque jamás se ha remontado en la historia del campeonato, es matemáticamente posible de remontar. Pero en el fútbol, además de los números, también cuentan las sensaciones. Y es por eso que si ayer Ramón Calderón bajaba del palco para celebrar el título por anticipado, como hizo en Zaragoza la temporada anterior, la grada lo habría acompañado. El Santiago Bernabéu siente, orgulloso, que su candidatura es la única con fundamentos para el trofeo de la 07/08. Y lo peor para el equipo de Rijkaard es que en la capital tienen razones de peso para caminar por el Paseo de la Castellana con las plumas en alto, como si fueran pavos reales.
En la lista de tareas pendientes de Schuster ya no cuenta aquello de que ganaba sin jugar bien. Como ante el Atlético, este Madrid mostró la estirpe de los antiguos equipos alemanes que pisotean a los rivales en todos los sentidos. De hecho si ayer no se fue con otra goleada frente el Villarreal (en El Madrigal ganaron 0-5) fue porque Diego López se disfrazó de pájaro para volar de palo a palo y quitarle goles hechos a casi todos sus ex compañeros. Y se escribe el ‘casi’ porque enfrente jugó un morenito terrible.

Robinho en llamas
Así como la semana pasada en el Vicente Calderón, Robinho se encargó otra vez de romper el hielo: abrió el marcador después de una excelente jugada de conjunto, en la que Guti regaló su novena asistencia del torneo con un delicioso pase en profundidad. El empate parcial de Rossi, que acabó con el récord de Casillas -ver aparte-, puso más emoción para un duelo de por sí atractivo por la posición de los dos (1º y 3º) en la clasificación.
Con el 1-1, López continuó en la línea que habitualmente exhibe su amigo Íker hasta que Robinho se acercó otra vez a la portería. Fue en el comienzo de la segunda parte, después de dos paradones ante Raúl y Van Nistelrooy que de nada sirvieron cuando el brasileño acomodó el balón junto al palo izquierdo.

Con la cabeza fría
Capdevila se encargó de enmudecer a la grada en el minuto 31, con el 2 a 2 que tantas ilusiones le dio a todo el barcelonismo. Tras el empate en Bilbao, mantener la diferencia era un buen consuelo. Pero el sueño duró 60 segundos. El Madrid tuvo la cabeza fría para aplicar la pizarra y desconcertar a la defensa en un saque de banda que acabó con pase de Gago a Sneijder. El holandés anotó su sexto gol en la Liga y reventó las cuerdas vocales del estadio. Así, a diferencia de Frank, Schuster sí consiguió que los suyos tirasen la llave de la portería al río para guardar los tres puntos en el bolsillo. Y cuando el Submarino lanzó el último torpedo, Casillas tuvo los guantes preparados.

Con un año invictos de local (4/2/07, 0-1 ante el Levante) y ocho triunfos consecutivos en Liga, confirmaron que dan vuelta a los rivales como si fueran tortillas. Calderón celebra. Y le sobran los motivos.

 

Se terminó la gran racha de Iker Casillas

Con 26 años y esas excelentes condiciones, es seguro que Casillas tendrá más oportunidades de romper el récord de Paco Buyo y Santiago Cañizares de 709 minutos sin recibir goles. Pero de momento, Íker debe esperar. Ayer, el delantero Rossi puso fin a sus 564 minutos invicto con un inatajable disparo desde el borde del área que significó el 1-1 en el encuentro. Antes del festejo del italiano, el último gol había sido el de Munits (Racing), el 1 de diciembre de 2007.

El colegiado catalán sufrió las palabras de Schuster

“¿Es catalán? No hay nada que decir”. Desde aquella tristemente famosa frase de Schuster en noviembre, tras una derrota en Sevilla (2-0), el árbitro Álvarez Izquierdo quedó marcado para el ojo madridista. Por eso ayer, en su retorno al Bernabéu, todas sus acciones fueron observadas con lupa por los aficionados. Los insultos aislados pasaron a una pitada generalizada después de que Van Nistelrooy cayera en el área por un roce con Godin que no dio la sensación de ser tan fuerte como para provocar semejante caída. Después acertó en la jugada del tercer gol, ya que no hubo falta de Raúl sobre Cygan en el robo de un balón. Así, salió indemne del ojo de tormenta en el que injustamente lo metieron.

 

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