Bielsa, hay una carta para tí
Te digo la verdá Marcelo: los futboleros entre la Cordillera y la islita esa de los cabezudos en el Pacífico estábamos todos achacaos. Parece que el fútbol nos agarró pa’l hueveo desde Francia ‘98, cuando clasificamos al Mundial por última vez con dos mosqueteros. Za-Sa; Zamorano y Salas aguachaban a los defensores y se volvieron con el 16º puesto que no fue nada arrugón, “teniendo en cuenta la realidad del equipo”, aunque no me lo creí. Sobre todo porque perdí lucrecias y casi me cachetean en el barrio cuando quise pagar con chauchas.
Guardo desde entonces los VHS. Te los pienso mandar pa’ que veas, porque a mi se me llenan de hongos en la biblioteca y los cabros chicos están cansados de verlos. Se piensan que soy del año de la cocoa, ¡po!, me lo dijo el más chiquito en mayo y entonces di en el clavo. O eso me creí.
Fue en julio. Agarré a la gaya mía y le dije que nos empeñábamos todos los ahorros en uno de esos aparatos grandes de plasma para chacrearse en la Copa América. Le conté un toyo, lo admito, algo flojo. Algo así como que para los cabros era mejor ver que una vez el viejito pascuero le traía a Chile un regalito adelantado. Pa’ que van a ser mateos de la universidad si terminan con el título arriba del taxi como le pasó a mi vecino el Mati. ¿Cachai?
Pa’ mi que ahí le empezó la tranca. Me corrió con la escoba hasta la esquina que fui el Tony del barrio. Me fugué dos días y volví con la TV: ahora entiendo que entonces aprovechó pa’ planear todo con su prima de Venezuela. ¡Puta la otra huevá! Tiene alma de paquita desde que nació. A estos carabineros los cortan todos con la misma tijera huevón.
Tampoco quiero desviarme que la gallada se impacienta y acá pronto me apagan las luces. Soy como tonto con el fútbol y pensé nos dábamos el copete. Así que además de los ahorros bolseé un crédito pa’ multiplicarlo con el campeonato. Estaba cebado como nunca.
Pasa que se me rajó el cassette cuando los gallos dejaron la cagada en un restaurante. Quisieron correr mano a un par de mijitas antes de jugar con Brasil… salieron curaos del local y nosotros nos caímos curaos de espanto después de la goleada. Eso dijeron los diarios pero, Marcelo, yo sé que fue todo obra de mi gaya y la prima. Cuando llegó la cuenta del teléfono vi los llamados y lo asocié: las dos lachas armaron todo pa’ que chupen los jugadores y se caguen en la cancha. ¡Quedé pato! Y me llevaron en cana cuando anduve cateteando en la tienda y el banco pa’ que me devolvieran el billullo, sin intereses. Les expliqué la injusta historia… pero metí tanto cuco a los empleados que vinieron los pacos. Exploté y les acomodé tantos combos que se quedaron abrazando a los postes.
Ahora, por suerte, los huevones de la federación se dieron cuenta de que debían darle una manita al gato. Y yo tengo mis últimas esperanzas puesta’ “en vos”, como dicen en tu país. Señor Bielsa, soy catete pero esto no es ningún cuento. Si el 13 de octubre usted no se trae la victoria en el Monumental contra los argentinos, seré dos veces chaleco de mono entre estas paredes. Con el Nelson tenía cero posibilidad, pero para un tipo de su capacidad esto va a ser fácil. No se tome mi carta a la chacota y ni me haga la chanchada. Tiene usted en sus manos mi última apuesta y aunque acá en la cárcel me gritan que estoy loco, sé que le hablo a un igual.


