River se debatió entre la victoria sobre Boca y el aire a Passarella


Radamel Falcao se besa la camiseta después de abrir el marcador en el Superclásico ante Boca

Una máxima del fútbol indica que todos los clásicos son partidos aparte. Duelos que no entienden de realidades en la tabla de posiciones, sino -únicamente- del estado anímico de los 22 gladiadores que se rompen sobre el césped para llevarse la gloria al bolsillo. En esa lógica, River le ganó con claridad a Boca por 2 a 0.

El colombiano Radamel Falcao, nuevo ídolo, abrió la cuenta con un fuerte tiro al ángulo de Caranta. Y después Ortega amplió la ventaja en un penal muy discutido porque el árbitro Baldassi obligó a repetirlo por adelantamiento del arquero, que había logrado detenerlo. La justa expulsión de Ever Banega, en la primera parte, definió el resto del partido en un soleado Monumental. Sin embargo, a pesar de la victoria, los riverplatenses se fueron con un sentimiento contradictorio en su interior. Porque este resultado le da oxígeno a Passarella en el banquillo. Y con los resultados de esta segunda etapa de Daniel Alberto en su casa de Núñez, llevan cosechados más sustos que sonrisas.

La duda, entonces, es si para extirpar al entrenador valía la pena dejar ir un Superclásico. Bajar un par de escalones para tomar envión y después subir de golpe. Aunque, claro está, en el marco del fútbol argentino lo efímero de los tiempos es un arma blanca, de doble filo, con la que pincharse muy facilmente.

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Comentarios de los lectores

Vaya, y que pasa con ese entrenador de River, porque tanto empeño en echarle¿?

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