Uruguay-Brasil, como el día más glorioso

A los adictos al fútbol de la generación del ‘Playstation’ les cuesta entender el porqué los jugadores uruguayos y brasileños entienden el choque entre sus selecciones como un verdadero clásico mundial. El hecho que desconcierta a los púberes es la diferencia de las últimas décadas entre ambos países a nivel internacional, también registrada en las competiciones de clubes como la Copa Libertadores. Sin embargo, en Sudamérica, el ADN transmite la historia entre los infantes y con la ayuda de los archivos se puede reconstruir una rivalidad tan ancestral como apasionante.
Uruguayos campeones
Desde el nacimiento del fútbol en las islas británicas en el Siglo XIX, hasta su expansión a comienzos del XX, el Uruguay se consolidó como el equipo más fuerte de Sudamérica y también del planeta. Entre 1916 y 1942 consiguieron ocho copas de América, dos medallas de oro en los Juegos Olímpicos de París (1924) y de
Amsterdam (1928) más el Mundial de 1930 en su tierra. Un torneo que Jules Rimet, el titular de la FIFA, les concedió por el gran nivel internacional que exhibían las formaciones celestes en cualquier campo donde se presentaran. Y así mientras sus jugadores se emborrachaban de tantos brindis, los brasileños se conformaban con jugar a la sombra de sus pequeños vecinos.
En el mismo período (1916-1942), el gigante del Cono Sur sólo disponía de dos títulos continentales -1919 ante Uruguay y 1922 frente al Paraguay- más tres grandes decepciones en los mundiales de 1930 (6º), 1934 (14º) y 1938 (3º). La revancha llegaba en el ‘42. Pero el estallido de la Segunda Guerra en Europa, suspendió los calendarios y extendió el hambre brasileño por confirmar la gran calidad de sus jugadores en el más alto nivel. Con la caída de Hitler, la FIFA reanudó los campeonatos y Brasil se lo adjudicó en su casa tal lo estipulado antes de las bombas.
El ‘Maracanazo’
Brasil ‘50 abrió sus puertas con la ausencia de dos potencias: Alemania, censurada por los crímenes de los nazis, y la Argentina, que renunció a la plaza. Italia, en tanto, se presentó con un equipo mermado por la muerte de sus figuras en el accidente aéreo del Torino (1949). En este contexto a la ronda final llegaron Suecia, España, Uruguay y los locales. Estos dos últimos debieron enfrentarse en partido final de la liguilla que definiría al campeón.
El 16 de julio el emblemático Maracaná los recibió ante el fervor de 200.000 torcedores sedientos de victoria. El empate le daba el título a Brasil y la confianza era tal que desde horas antes del partido ya estaban impreso losEl tanto de la victoria de Uruguay, marcado por Alcides Ghiggia periódicos con la celebración del título. Semejante escenario acojonaría hasta a un gladiador romano, pero entonces nació la famosa frase -”los de afuera son de palo”- con la que el capitán celeste Varela arengó a los suyos. Y vaya si les sirvió, ya que con goles de Schiaffino y Ghiggia profanaron la tierra sagrada de Río de Janeiro. Los once automóviles que esperaban a los campeones brasileños terminaron en el concesionario ante el llanto de los hinhcas. Mientras tanto Obdulio, el gran ‘Negro Jefe’ del mediocampo uruguayo, recibió en manos de Rimet la Copa. Mañana, en Venezuela, nuevamente los de afuera serán de madera. Como el día más glorioso del ‘50.
LA FICHA DEL PARTIDO: Brasil 1 - Uruguay 2
Brasil: 1 Moacyr Barbosa, 2 Augusto, 5 Juvenal, 7 Bauer, 10 Danilo, 12 Bigode, 13 Friaca, 14 Zizinho, 16 Ademir Menezes, 18 Jair, 19 Chico, DT Flavio Costa.
Uruguay: 1 Maspoli, 3 Mathias Gonzales, 9 Tejera, 10 Gambetta, 5 Obdulio Varela, 12 Rodriguez Andrade, 7 Alcides Ghiggia, 20 Julio Perez, 13 Oscar Miguez, 21 Juan Alberto Schiaffino, 22 Moran, DT Juan Lopez.
GOLES:
1-0 Friaca 47′ (B), 1-1 Schiaffino 66′ (U), 1-2 Ghiggia 79 (U).
Estadio: Maracaná (199.854 espectadores). Árbitro: George Reader (Inglaterra).



Hay un hermoso cuento de Eduardo Sacheri en su ultimo libro, que habla del Maracanazo, se los recomiendo a quienes quieran ver la real dimension emotiva del mismo.
Digamos que para los jovenes, es como 300 pero con pelotas en lugar de lanzas.